─De la luz me alejé y he ahí que encontré todo lo que no me dejaba mirar el mundo. Estaba deslumbrado y mejoré renegando de la luz.
─Vivido he, decepcionado me he y vuelto he...a decepcionarme.
─Creí en la unidad y en hacer mi deber, no en el anarquismo, pero en una cosa cerca a él que era equitativa y acertada. La humanidad creía en la lex talionis.
─Afilad vuestras garras para acabar con todos, me gritó el mundo y mi yo creyó y confió en que la humanidad no destrozaría mi ser por compasión, por camaradería. Resultó que no existía tal compasión y por eso todas las religiones la exigían.
─Me aventuré en la noche y la borrasca me llevó a un cañón en el que quise pasarla, pero ay, el cañón también tenía dueño. Las cosas ya tenían dueño y eran propiedad privada.
─Salté al escenario de los sueños y como un profeta canté mis dolores, muchos me siguieron en palabra. En acción, me dijeron, no hacen falta seguidores de utopías.
─Partí mi pan con el enemigo y con el amigo, mis pensamientos los entregué sin recibir nada a cambio, como aquel que cree que el saber es de la humanidad. La misma humanidad pisoteó mis elucubraciones porque de entre la multitud no se acepta una cabeza pintada de otro color.
─Me alejé del capitalismo y del socialismo porque no quise manchar mi pensamiento con la marcada tendencia de otro pensador y se me acusó de librepensador peligroso y nefasto al sistema de control.
─Creí andarme en la cima porque algunos coreaban mis ideas, a pesar de que siempre dije no querer correligionarios, ni súbditos, ni seguidores y Ay, de nuevo, corear una idea no es haberla entendido o asimilado.
─Vuelto hube y homenajeado fui y ay, ay, ay. vencido fui.
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