- Lo primero a llamar en la lista es el derecho, cuya suma de excepciones convierte el robo en un asunto legal y amparado en la ley, por lo cual ya no se llama robo, sino derecho.
- La prescripción del crimen invita a pecar y esta aunada a la laxa ley cuyas penas cada vez disminuyen, lo que hace que la prescripción sea cada vez más baja y se retroalimentan. Claro, los asuntos del ciudadano para con el estado nunca prescriben. Hermoso truco del derecho que va contra el derecho.
- Las aseguradoras son excelentes en esto del contrato legal, firman y cobran puntuales y completo, a la hora de pagar siempre hay una cláusula, en letra menuda, que los excluye del pago legalmente.
- Los contratos de palabra no tienen quien los sufra, la humanidad no paga, no le interesa sino sobrevivir y la moral que esa humanidad pregona es de dientes para afuera. "El honor es un insulto para la raza humana".
- Hay más contratos, por ejemplo, el matrimonio, la convivencia, la mascota, la amistad, el trabajo, la tienda... Son cientos los contratos y a veces simplemente no funcionan. El vendedor recibe el importe y ya, no responde por calidades o certezas, se escuda en alguna normativa legal o retórica obvia cómo "yo no sé de qué manera trató usted el producto" y se cae el contrato y la fe en ellos.
- Las empresas de telecomunicaciones son la tapa del Congolo, que ellas son reguladas por un ente, pero son la mar de la desfachatez. Inscríbase en un plan y luego trate de salirse si no me cree lo que le digo.
- Hay un contrato que debería partir del respeto: no imponerle música o programa a mi prójimo, pero parece que cada miembro de la humanidad se siente en el derecho de considerar "buena" su música y gustos y la exhiben como si de una novedad se tratara.
- La cosa juzgada da lugar a que no se repitan procesos, pero comete el error más grave de la ley que ha cubierto infinitos asesinatos y los ha dejado impunes.
- El alegato de demencia no debería ser permitido ¿Quién en su sano juicio mata a otro? por tanto todos somos inocentes o todos somos culpables.
- El contrato social indica reír con el vecino y llorar con él, felicitarlo en sus victorias y darle unas palmaditas en la espalda en sus derrotas; decirle: !qué lindo¡ !qué bien¡ !te apoyo¡ !para las qué sea¡ !firme¡ y !aguante¡ lo mismo que darle pésames, extenderle la mano o abrazarlo cuando se necesite. La ausencia de tal contrato se nombra como apatía o dificultad de empatizar.
- El contrato es siempre una demanda de algo, pero ese algo es lo que cumplimos a cabalidad en lo social y que, si no queremos cumplirlo, queda igual de bien. "El Contrato social" que no es obligado por el derecho, también es contrato. He ahí por qué nos negamos a aceptarlo.