─Del amor filial al amor sensual hay tal distancia como del cerro Nutibara al monte Everest.
─¿Qué culpa tiene el tiempo de haber vaciado la poca y absurda moral que mis maestros me inculcaron?
─Recorrer ese camino límpido, níveo y virgen de un alma sin corrupciones.
─Destruir para siempre la capacidad de maravillarse ante un ser humano.
─Oh! cómo desearía que ese camino tuviera otro final.
─Ay y como se llena el mundo de nombrarla y cómo habrá de quedar después en el más absoluto silencio.
─Todo lo prohibido nos atrae poderosamente, el riesgo, la adrenalina, la voluptuosidad. Dijo el maestro: "Corromper un alma es mejor que crearla, porque corrompiéndola la poseemos totalmente."
─Ay, Oh. Estas cosas del amor sensual sólo dejan ayes y ohes.
─El más sublime veneno que pueda darse a un hombre es la flor impoluta e inmarcesible.
─No se hable de limerencia, es la vía de la conquista diferente a tomar como bárbaros. ¿Qué otra cosa habría de hacer?
─Una flor está a mi puerta y el instinto me grita ¡deshójala! La moral me dice ¡Olvídala! La pasión me susurra ¡ámala! y la realidad sólo me lleva de la mano.
─Nietzsche escribía lo que ocurre cuando miramos a un abismo: El abismo también nos mira. Y al final desaparece la distancia entre ambos y no sabemos cual se hunde, no sabemos quién es el abismo y cuál mira en quién o qué se precipitó en qué.
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