lunes, 28 de octubre de 2013

SOBRE LA MUERTE

─Morir no es un problema, de ninguna manera, los que están expresamente jodidos son los familiares del difunto. No sólo tienen que lidiar con los despojos mortales, sino también con la terrible manía humana de dar pésames y de sentirse acongojados por los males del otro.

─La muerte es un pequeño paso para el hombre, pero un paso inevitable para la humanidad.

─Lo mejor que puede hacer uno por sus prójimos es desaparecer de la faz de la tierra con la menor pompa y boato que se pueda.

─La muerte es un negocio del que se lucran muchos: caja, acompañantes, mortaja, flores, tanatopráctico, coches, urna, tumba, horas de desvelo... Una moledora de carne y hueso para convertir los desechos en abono sería suficiente.

─Bella definición la de Donatien Alphonse: la muerte es un estado absoluto de anonimato cósmico; ¿para qué lápidas que recuerden el nombre en vida de los despojos? ¿para qué nombres? ¿Los muertos se llaman acaso?

─Nada más idiota que la frase aquella de "siempre te recordaremos". A los mismos se les ve a los días en las mismas fiestas con las mismas ridiculeces que acostumbraba.

─Mis deseos son simples: que tal si me deshacen en ácido y no invitan a nadie a que haga su buena acción del día; por sobre todo que no coloquen sobre mi cadáver símbolos ni lápidas que le recuerden a los demás lo que fue de mi humanidad.

─Morir es una necesidad en el ciclo de la vida. ¿por qué darle tanta relevancia?

─A la hora de mi muerte no quiero idiotas cerca que oren y se santigüen; ningún rezo logrará alterar la inconmovible tierra; ni seguidores que se quejen por lo que pudo ser y no fue; el ciclo natural de la vida es inapelable; ni enemigos que se vanaglorien de haber ganado una guerra que ya no puedo dar; la muerte es la derrota máxima y tampoco pide perdón. Al carajo todos, dejad que los muertos descansen en paz.

─Técnicamente todo muerto está libre de todo: ya no debe impuestos, ni promesas, ni deudas. Lástima que sea un estado de libertad que ya no se puede aprovechar.

─La fingida paz de los muertos se debe a la ausencia completa de ser. La muerte es la nada de la existencia.

-No asisto a sepelios, ¿qué me une a mí a esos rituales de la carne que no merecen ser recordados? Los muertos muertos están y nada tienen que decir.

-Se velaba un difunto para "asegurarse" de que realmente estuviera muerto, hoy la necropsia garantiza que no necesitaremos la cuerda de la campana salvadora. Hoy no necesitamos ocultarnos de los dioses y por eso no necesitamos usar el negro o vestir de luto -salve que siempre andamos de luto, aunque esa razón no la esgrimimos para ese contexto- Somos ateos. ¿Para que cruces, rezos y símbolos que desdicen de la razón, la lógica y la ciencia?


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