─La felicidad no existe, es una caparazón construida con los retazos de la depresión.
─No existe un estado natural en sí mismo, es la sociedad y la cultura quienes hacen que determinada actitud impere y la potencian según las tribus y la exilien a pedido de las mismas tribus.
─Es leyendo a Foucault que se entera la humanidad que las enfermedades son gritos de la sociedad hacía sus afueras, es la forma en que se liberan o gritan que están enfermas.
─Una sociedad que dé a luz a tanto hijo de la gran muralla, es una sociedad bastante enferma.
─Por lo mismo los que gritamos a voz en cuello las enfermedades y vicios de la sociedad somos quienes más enfermos estamos.
─Es en ellos, en los jóvenes, donde aparece la hebefrenia con más asiduidad. ¿Será que nos gritan que esta sociedad está enferma? ¿Es probable que simplemente sea un caso aislado? Yo igual me quedaré de brazos cruzados.
─Vuelvo sobre la misma escuela, la felicidad es un estado de ánimo que pasa como pasan las depresiones o los momentos de seriedad, pasan los ataques de risa y dejan un vacío que ya no se puede llenar.
─¿Para qué sirve pues la humanidad, el ser en sí, la cosa que llaman las religiones: "nuestra parte superior"?
─Parece aparecer aquello de lo que he hablado media vida: las religiones evocan un mundo más feliz porque en éste existe la imposibilidad de tal y por ello los rebaños se hacen matar.
─Dudo de cualquiera que le deba a un dios algún favor y me hable de él como si de un salvador se tratara. Es definitivo, para poder creer en algo debe no debérsele nada.
─No creo pues en la felicidad, ni en sus opuestos, nada debemos a ellos y nada suman o restan en nuestro mundo de depredadores.
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