- La impresión de un balazo en la cabeza. Consiste en llevar todas las ideas expuestas a la humanidad y ser más obvio que un bebé tramando una pilatuna.
- Me estaban calcando y me moví. Certeza general de estarse quedando dormido y de pronto despertar, que en realidad es un pulso monoclonal verificando si hay desconexión para continuar la fase REM.
-Soy la última cocacola del desierto. No existe nadie que no se haya impresionado a sí propio positivamente, al parecer es un mecanismo evolutivo de defensa para evitar el suicidio. No existe la cocacola en el desierto, más bien el pandero o la tostada.
-Tengo mocos en la nariz. Parece opuesta a la anterior, la seguridad se pierde y cada uno trata de esconderse en un hoyo. La verdad es que aparece cada que la regamos y es la culpa que nos señala desde toda dirección.
- Grito desenfrenado. No existe equivalente en la naturaleza y puede tener varias causas, la primera de ellas es la necesidad innata de mostrar el macho alfa, otra liberar la opresión a la que nos creemos sometidos y la última, pero no menos importante, una especie de grito primal que el cuerpo requiere para no ahogarse.
- Satisfacción del deber cumplido. Un buen almuerzo, un ayudar a cruzar a la ancianita en la esquina, una operación ambulante a un desconocido, un trabajo por el que no se cobró para ayudar a un tercero o para demostrar magnanimidad. Todos son ejemplos de un aburrido ego y de una impresión harto común de la raza humana.
- Usted no sabe quien soy yo o no sabe con quién se mete. Son equivalentes y dan cuenta de un ego remanente sin el cual no podríamos existir, se usa por deporte y porque la humanidad en las últimas centurias ha omitido la ley del más fuerte y la ha reemplazado por una ley de turiferarismo y patrocinio. Yo compré tu alcaldía no me impongas esa sanción.
- Impresión de caminar en alfombra roja. No es malo andar seguro por la vida, pero a esos son los que asaltan en escondrijos, a las que violan en ascensores y a los que matan con balas perdidas.
- Impresión Coco Chanel. Ocurre cuando al grito de la moda se le hace dar alaridos y aún así no nos damos por enterados. Dícese de una primera dama con traje de cartón o aquel rey con traje invisible a ojos estúpidos. Claro que ocurre y a veces da pena ajena, pero esa es otra impresión.
- Impresión de pena ajena. Ocurre mil veces, pero no es ajena y no es pena, es seguridad de que en algún momento se actuó de la misma manera y de hallarse ligado de tal forma a ese otro. Que un tercero confunda los lazos o los relacione correctamente nos produce la impresión. A mí me pasa igual, que venga un señor extraterrestre y vea esta sarta de creyentes y de mansas vacas, me da una pena.
- Solipsismo ideal. Ocurre por siempre. Quienes manejan una sola idea y la defienden a ultranza padecen de esta impresión. Léase terraplanismo, monoteísmo, big bang, big crunch, señal wow… es muy usado por adolescentes, inexpertos, tontos y niños en general.
- Hay una especie de argucia que emplea la evolución para hacernos creer que los únicos que no estamos equivocados somos nosotros, yo no he podido definirla, creo sentirla porque, por supuesto, la única razón la tengo yo.
- Me estaban calcando y me moví. Certeza general de estarse quedando dormido y de pronto despertar, que en realidad es un pulso monoclonal verificando si hay desconexión para continuar la fase REM.
-Soy la última cocacola del desierto. No existe nadie que no se haya impresionado a sí propio positivamente, al parecer es un mecanismo evolutivo de defensa para evitar el suicidio. No existe la cocacola en el desierto, más bien el pandero o la tostada.
-Tengo mocos en la nariz. Parece opuesta a la anterior, la seguridad se pierde y cada uno trata de esconderse en un hoyo. La verdad es que aparece cada que la regamos y es la culpa que nos señala desde toda dirección.
- Grito desenfrenado. No existe equivalente en la naturaleza y puede tener varias causas, la primera de ellas es la necesidad innata de mostrar el macho alfa, otra liberar la opresión a la que nos creemos sometidos y la última, pero no menos importante, una especie de grito primal que el cuerpo requiere para no ahogarse.
- Satisfacción del deber cumplido. Un buen almuerzo, un ayudar a cruzar a la ancianita en la esquina, una operación ambulante a un desconocido, un trabajo por el que no se cobró para ayudar a un tercero o para demostrar magnanimidad. Todos son ejemplos de un aburrido ego y de una impresión harto común de la raza humana.
- Usted no sabe quien soy yo o no sabe con quién se mete. Son equivalentes y dan cuenta de un ego remanente sin el cual no podríamos existir, se usa por deporte y porque la humanidad en las últimas centurias ha omitido la ley del más fuerte y la ha reemplazado por una ley de turiferarismo y patrocinio. Yo compré tu alcaldía no me impongas esa sanción.
- Impresión de caminar en alfombra roja. No es malo andar seguro por la vida, pero a esos son los que asaltan en escondrijos, a las que violan en ascensores y a los que matan con balas perdidas.
- Impresión Coco Chanel. Ocurre cuando al grito de la moda se le hace dar alaridos y aún así no nos damos por enterados. Dícese de una primera dama con traje de cartón o aquel rey con traje invisible a ojos estúpidos. Claro que ocurre y a veces da pena ajena, pero esa es otra impresión.
- Impresión de pena ajena. Ocurre mil veces, pero no es ajena y no es pena, es seguridad de que en algún momento se actuó de la misma manera y de hallarse ligado de tal forma a ese otro. Que un tercero confunda los lazos o los relacione correctamente nos produce la impresión. A mí me pasa igual, que venga un señor extraterrestre y vea esta sarta de creyentes y de mansas vacas, me da una pena.
- Solipsismo ideal. Ocurre por siempre. Quienes manejan una sola idea y la defienden a ultranza padecen de esta impresión. Léase terraplanismo, monoteísmo, big bang, big crunch, señal wow… es muy usado por adolescentes, inexpertos, tontos y niños en general.
- Hay una especie de argucia que emplea la evolución para hacernos creer que los únicos que no estamos equivocados somos nosotros, yo no he podido definirla, creo sentirla porque, por supuesto, la única razón la tengo yo.
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