─La primera acusación la sufrió V. V. Escribímos sobre nosotros aunque lo hagamos en nombre de otra persona. El gran protagonista de nuestros libros es el ego, tanto si es ficción como si es sentimiento puro de odio o amor, incluso si es política, historia o, tristemente, superación personal. Los más necesitados de ayuda espiritual, escriben libros espirituales. El odio sólo grita.
─La segunda acusación pertenece a un género que se llama o llaman frases Barnum. Si alguien acepta como verdad lo dicho por mí, se cumple, y si muchos se ven identificados, funciona para ellos. La humanidad es una sola, ¿quién no se cree único e irrepetible? ¿quién no se siente una persona especial? He ahí una razón por la que funciona el horóscopo y el pobre imbécil, lleno de ego y fe, se lo traga.
─No sé si voy en orden pero la tercera acusación no es un delito, es una afrenta. Si uso un sólo tipo de ropa y color, se debe a una cierta distancia que trato de poner con el común ─sintiéndome especial en la acusación dos─ y hasta una forma de ser más simple para tener de que hablar en el caso uno. ¿Pero si fuese por ahorrar dinero, si fuese por avaricia o comodidad, qué? Lo molesto es que los que acusan ven programas de moda, siguen la masa y tienen cerebro ausente.
─Ya no sigo un orden pero hay otra acusación que me infama: dice que soy apático y engreído. ¿algún ser humano no es así? Que los venza el ego de mostrar sentimientos a pedido de la moral y la ética, no es sino hipocresía.
─Hay una demasiado precisa que se ha vuelto común y trata de exponer mi sexualidad como un ludibrio. No existe tal, hago lo de todos, sin la oprobiosa necesidad de acorralar presas o celarlas, sin la imperiosa necesidad de mentirles o prometerles cielos, sin la denigrante manía de acusar necesidad o duelo. Un león es un león.
─A la postre nada queda en este mundo que valga la pena repetirse o que valga la pena recordarse. Un pequeño punto infinitamente pequeño en comparación con el vasto universo y éste a su vez nada en comparación con los trillones de multiversos. ¿de qué posteridad me hablan? ¿quién levanta su voz por sobre la multitud?
─Que hable el jurado, que se me condene por esto y aquello. ¿Cambia en algo mi vida? ¿Se desmorona mi futuro tan leve o desaparece mi pasado? Traigan el cadalso, no le temo. Traed la cicuta la beberé complacido, instalad la silla y dadme una última descarga de energía vital... ¿Qué castigo puede ser peor que tener que seguir aguantando un mundo de hipócritas?
─Yo hago de abogado defensor y en mi papel siniestro, declino hacer preguntas a los testigos ¿Qué habrían de decir? por más que me defiendan también serán hipocresías. Es más, declino mi defensa en su totalidad.
─Falta un juez que condene o por lo menos retóricamente hablando, pues la humanidad es un excelente juez que impone y condena sin necesidad de la ley o la razón y la peor de todas las condenas estaba implícita en "la pared": si lo que teme es a sus semejantes "derriben el muro".
─El señalamiento de culpabilidad, la auscultación previa al ingreso a cirugía, la abominable vivisección de un psiquiatra, la profanación del cadáver en la tanatopraxia... La exposición es el más horrendo de los castigos.
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