viernes, 25 de marzo de 2016

DE DEMONIOS Y COSAS TENTADORAS

─¿Habrásele pasado a alguien por la cabeza abandonar este mundo de lágrimas convencido de que su extinción será total? o ¿Basan sus razones criminales en mundos ficticios que fueron prometidos a quienes pendieran como el que quiso aprender de las runas? Hay un momento de indecisión, y los hechos deberán ser estadísticos, pero dudo del Sepuku o el jibaku e incluso del yihad que no estuviera seguro de renacer inmediatamente o de llegar directo al cielo.

─Morir no es tan malo si pasas a un segundo plano como el que prometen las religiones: paz, sosiego, seguridad, amor, verdad, virtud... Demasiada melosería en un sólo paquete.

─Una buena venganza contra la humanidad no es abandonarla, es fastidiarla, al punto que cuando abandonemos la vida, nuestros deudores digan "por fin se murió esta..." Aunque ya no los escuchemos, es reconfortante pensarlo desde hoy.

─El precio de la vida es la muerte y ¿Porqué habría yo de pagar cuando ésta me lo reclame? ¿Porqué habría yo de pagarle antes de tiempo? Esta disertación filosófica no va a ningún lado. El momento justo es imposible de determinar y no puede ser aceptado que "el momento es el momento".

─Sé que la gente piensa: "Los amenazaré con matarme" "el mundo sin mí les será fastidioso" "ahí les dejo su puto mundo"... La falla de estos razonamientos salta a la vista: el mundo es mejor sin seres humanos.

─Acabar de golpe con el dolor es una coincidencia de acabar con la vida. La solución a todo problema de stress o de enfermedad terminal, de inconsecuencia con el mundo o de hartazgo del mismo. Próximo negocio: Hospital de soluciones definitivas. Eufemismo para suicidios inc.

─Un grande dolor justifica una grande decisión y ¿Con qué se miden esos grandes dolores? y ¿Cuáles son esas grandes decisiones? Cada cual tiene una realidad.

─¿Saben dónde se volvió esto una disertación estúpida? En el momento mismo en que pensamos que nosotros, seres de carne, éramos superiores a otros seres de carne por tener una intromisión que no es de carne, por atribuirnos espíritu y alma. Somos seres sin más valor agregado que el de disertar, engañar y creer. ¿Imaginen un insecto que se atribuyera alma? ¿Cómo soñará ese cielo? ha de ser el infierno para una pulga.

─Y ¿quién no ha sido llamado por ese abismo? M. K. le llamó vértigo, no deseo de saltar al vacío, sino deseo de permanecer en ese limbo entre el salto y el duro asfalto.

─Por antonomasia solucionar los problemas propios es acabar con la existencia y ¿Qué hay de los problemas de los demás? empiezo a pensar como un asesino en masa, interesado sólo en el bienestar del prójimo como cualesquier correligionario impúdico de los que llaman apóstoles.

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