─Llamo a todos a que escuchen: humanos e insectos, vivos y muertos, parásitos y eunucos; Los quiero a todos para que escuchen. Dios no ha muerto como dijo Nietzsche, jamás fue vivo.
─No hubo un dios y no lo habrá, abandonen el altar, dejen el ara impoluta de sacrificios; no asistan a las sinagogas, conviertan las mezquitas en claustros de soledad, abandonen las iglesias... no habrá repercusiones.
─¡Despierten hermanos! la tierra está presa del terror y los dioses a quienes rezan no se han hecho presentes en ningún bando.
─El gran castigo de los justos y de los creyentes es el mismo: ninguno verá jamas el cielo prometido, no existe, jamás fue fundado. Nunca hubo tal sitio
─Más fácil se construirán falansterios y utopías que cielos. Más fácil pasará una aguja por el ojo de un camello que un camello por el ojo de una aguja.
─Yo soy la voz en el desierto y en el desierto he de quedarme porque en el desierto la sed me alienta, el cielo es para groseros snobs sin pretensiones.
─Llamo a todos y a todos los expulso del templo, sus groseras ventas callejeras no hirieron el ego del fundador, hirieron la visión del profeta en cuanto a la calidad de lo que había creado.
─No he de hablar de profecías, sin embargo tengo una, Ay, y esa única profecía me condena igual que a todos: La muerte no espera para siempre y el cielo nunca ha esperado a nadie.
─Gozad pues, piedras y muertos, cosas inermes e inertes que ya no esperan, que los vivos aún esperamos ser como vosotras.
─(Recordando a Camüs en el final de La Peste) "Y llegará el día en que para desgracia y redención de los hombres, dios despierte a sus ratas y las mande a morir a una ciudad dichosa como la vuestra."
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