─Los muertos no tienen voz y aunque tantos programas criminalísticos digan lo contrario, lo que ocurra después de la muerte no les interesa.
─Dirán algunos que la venganza es un plato que se come frío...o caliente. Eso le interesa es a los vivos. Repito, la muerte es un estado de no acción.
─No ha pasado un sólo día de la humanidad sin que se mueran unos cuantos activos y sin que unos cuantos vivos saquen tajada de la situación.
─Vivir de la muerte no es tan degradante para los que lo hacen, ahí están, siguen vivos y llegará el momento en que su negocio les rinda pleitesía... también dejarán una buena tajada para el resto de los buitres.
─La muerte resulta tan difícil para los vivos, porque cada que hay un cadáver al que deben rendir tributo, este les recuerda la posibilidad, siempre presente pero ahora tan clara, de que cada uno de nosotros debe ocupar ese lugar privilegiado.
─Yo no quiero flores, ni tumbas, ni rezos, ni humanos. Sin ceremonias al horno igualitario... al ustrinum.
─En su defecto, si nadie se apiada de mis despojos mortales para cumplir mi última voluntad, que me arrojen a una fosa común. Nada más igualitario: Huesos confundidos de muchos que eran como yo, humanos, sin diferencia de raza, color, credo, religión o tendencia política.
─Pocos son los que a diario recuerdan como el amigo Gravini que "tú calavera serás" y que "por firme ley de la parca, debo habitar la comarca de las miserias humanas"
─La innoble labor de menospreciar mi cadáver no puede tocarle a mis enemigos. Esa sería la última humillación ante ellos...No lo permitáis hijos míos.
─Al final, si he merecido una estatua o un premio o un homenaje, a la manera de Fernando González, no me la den en plata ni en oro. Dénmela en placeres. Mientras tenga vida.
─Tampoco me gustan esas idioteces de las flores. No amé los adornos en vida, la muerte no puede ser adornada con ninguna cosa. Total: las flores son un exabrupto entre la belleza y la nada.
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